Fiesta entre amigos… desafiando los límites

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Desde hace tiempo, tenía una fiesta pendiente de celebrar. Por diferentes motivos, la celebración fue siendo postergada, pero llegó el momento oportuno. Dado que se trataba de una fiesta muy particular, casi especial, quería asegurarme de que las parejas que asistieran fueran las más adecuadas para esa ocasión. Para ello, diseñé un proceso de selección cuidadoso. La idea era invitar únicamente a aquellas parejas que, en algún momento, hubieran dejado entrever su interés en participar en una fiesta de ese tipo. Además, también consideré a las parejas a las que, por mi intuición o conocimiento previo, sospechaba que podrían sentirse atraídas en asistir y participar. Podían asistir hasta veinte parejas, pero para ser la primera vez era mejor reducir el número y las deje por eso en diez.         

 Realicé las invitaciones de manera individual, contactando a diez parejas en total. En cada invitación, me aseguré de comunicar claramente la naturaleza de la fiesta, evitando así posibles errores o malentendidos. La invitación fue precisa y explícita, para que cada pareja comprendiera exactamente qué esperar y qué se esperaba de su participación. Asimismo, elegí a las parejas en función de su afinidad entre ellas, buscando crear un ambiente armónico y que la interacción fuera fluida y agradable para todos los asistentes. La selección fue meticulosa, con el objetivo de que la fiesta fuera memorable.         

En menos de veinticuatro horas, recibí todas las respuestas que esperaba. Ocho parejas confirmaron su asistencia sin reservas, mientras que otras dos, aunque no podían acudir, no fue por falta de interés, sino por diversas circunstancias imprevistas que les impedían participar en ese momento. Sin embargo, dejaron claro que, en una próxima ocasión, contara con su presencia. Agradecido por su entusiasmo, automáticamente envié nuevas invitaciones a otras dos parejas que aceptaron la invitación sin dudarlo.         

Mientras revisaba las confirmaciones, no pude evitar sentirme como un celestino moderno, aunque con un toque un poco pervertido, al coordinar y organizar un evento tan especial y delicado. Desde que las parejas aceptaron, me imaginé sus nervios y expectativas. Si no me habían engañado, ninguna de ellas había vivido una experiencia similar antes, por lo que la anticipación mantenía mi imaginación en marcha, llenando mi cabeza de escenas y posibles situaciones.         

Pensaba en lo divertido que sería todo el proceso, siempre y cuando las cosas salieran como lo había planeado. La idea de que todos pasaran un buen rato, disfrutando de una fiesta diferente, me motivaba aún más. La responsabilidad que llevaba encima era grande, pero también la emoción. Sabía que, si lograba crear un ambiente cómodo y divertido, la fiesta sería memorable para todos. Solo quedaba confiar en que la comunicación, el respeto y la buena onda prevalecieran en esa fiesta tan especial.        

De todas las mujeres que estaban previstas para asistir a la fiesta, la mayoría parecía estar con la intención principal de pasar un buen rato, disfrutar de la compañía y relajarse o por lo menos eso era lo que habían dicho ellas o sus maridos. Sin embargo, entre ellas, había tres que destacaban particularmente por un nivel de morbo y atractivo que superaba lo habitual, despertando una atención especial por mi parte, lo que no quería decir que las otras siete no me gustasen, que me gustaban.        

Amelia, de 39 años, era una mujer de estatura imponente y presencia cautivadora. Medía aproximadamente 1.77 metros, con un peso de unos 50 kilos, lo que le otorgaba un físico delgado y elegante. Su busto, con medidas aproximadas de 80-85 cm, resaltaba sin ser excesivo, complementando su figura esbelta. Su cabello, de un rubio que parecía tener matices dorados, era bastante corto, en un estilo que le daba un aire juvenil y desenfadado, pero que no quería decir que fuera rubia natural. Tenía unos ojos de color avellana cálido y expresivo que brillaban con intensidad, y un rostro que combinaba rasgos delicados con una sonrisa seductora. Su culito, sin duda, era el más espectacular de todos, con una forma perfecta y bien definida, que invitaba a la mirada y despertaba mis más bajos instintos.        

Bianca, de 41 años, medía unos 1.73 metros y pesaba alrededor de 62 kilos, lo que le confería una figura más voluptuosa y curvilínea. Su busto, con medidas alrededor de 95-100 cm, era generoso y llamativo, en armonía con su cuerpo bien proporcionado. Su melena, de largo hasta los hombros, era de un castaño oscuro brillante, que caía con sobre sus hombros y enmarcaba su rostro de rasgos marcados y sensuales. Su culito, redondo y bien formado, destacaba por su volumen y forma perfecta, haciéndola una mujer muy deseable. Sus ojos, de un color café profundo, transmitían una mezcla de calidez y picardía, aumentando el atractivo de su presencia. La combinación de sus kilitos de más, lejos de ser un defecto, la hacía aún más deseable y provocativa, ya que resaltaba su sensualidad natural y confianza.        

Renata, también de 41 años, medía aproximadamente 1.75 metros y pesaba unos 60 kilos. Su busto, con unas medidas de 110 cm, era notablemente llamativo y contribuía a su imagen de mujer voluptuosa y segura de sí misma. Su largo cabello moreno, que caía en ondas suaves hasta la mitad de su espalda, enmarcaba un rostro de rasgos expresivos y ojos de un azul intenso, que parecían profundizar en el alma de quienes la miraban. Su culito, igual de espectacular que el de Bianca, complementaba su figura curvilínea y seductora. La presencia de unos kilitos de más, en su caso, aumentaba aún más su carácter atractivo y morboso, haciendo que su presencia fuera aún más irresistible y provocativa para mí.        

Con ninguna de estas tres mujeres había coincidido ni en una playa ni en la piscina, por lo que no las había visto nunca en ropa de baño, aunque ellas a mi si me habían visto en bañador, alguna vez de forma esporádica y aunque me habían atraído siempre poderosamente, jamás había tenido un exceso con ellas ni de palabra ni de obra. Había respetado siempre la amistad que me unía a sus maridos. Con las tres existía una complicidad sana, aunque con Bianca era algo más especial, pero como digo nunca hubo nada ni de refilón.       

Hemos quedado el viernes en el campo para comer. Todos sin excepción han sido puntuales. A pesar de haber preparado todo para que no haya sorpresas, nada más llegar todos se produce la primera sorpresa, aunque fuera solo para mí, porque todos los demás lo sabían. Mi amigo Tony había cambiado de pareja, vivía con una colega suya de profesión dedicada a las finanzas, de origen jamaicano, aunque no nacida allí. Su piel era de un color marrón oscuro, casi dorado, completamente bella. Me impacto nada más verla. Del mismo estilo que Amelia y posiblemente de la misma edad o un par de años menos.        

Se llama Marcia. Medía aproximadamente 1.74 metros, con un peso de unos 48 kilos, lo que le otorgaba un físico delgado y elegante. Su busto, con medidas aproximadas de 100 cm, resaltaba porque se notaba que no llevaba sujetador y estaban muy bien colocadas. Su cabello, de un color caoba brillante, era bastante largo, en un estilo que le daba un atractivo por la coleta tan rara que llevaba. Tenía unos ojos de color marrón y expresivos que iluminaban su mirada. Su rostro que combinaba rasgos africanos, con una sonrisa seductora y unos labios gruesos que automáticamente me hacían pensar muy mal. Su culito, sin duda, era muy parecido al de Amelia en la forma, pero más pequeño, igual de espectacular, con una forma perfecta y bien definida, que invitaba a los malos pensamientos o buenos según se mire.      

Carmen, de 41 años, medía unos 1.70 metros y pesaba alrededor de 62 kilos, de figura más voluptuosa y curvilínea. Su busto, con medidas alrededor de 95 cm, era generoso y llamativo, en armonía con su cuerpo bien proporcionado. Su melena, corta, castaño oscuro brillante. Su culito, redondo y bien formado, destacaba por su volumen y forma perfecta, haciéndola una mujer muy deseable. Sus ojos, de un color marrón, transmitían una mezcla de calidez y picardía, aumentando el atractivo de su presencia. La combinación de sus kilitos de más, lejos de ser un defecto, la hacía aún más deseable y provocativa, ya que resaltaba su sensualidad natural y confianza.       

Luego había más mujeres pero que poco o nada interactúe con ellas, pudiendo ser porque ninguna parte nos atraíamos, por falta de oportunidad o que éramos muchos.         

Todas las mujeres llegaron con vestido menos Amelia y Marcia, que llevaban pantalones ajustados, que remarcaban más aun sus culitos. Lo que me sorprendió que durante la comida y el resto de la tarde solo bebieron los que lo hicieron un vaso de vino, el resto del tiempo nada de alcohol. A las seis en punto de la tarde, les dije que se fueran a cambiar ya que a las nueve en punto empezaría la fiesta. Una hora me llevo montar las mesas que ya estaban colocadas con comida de todo tipo, comida fría como es lógico. Lo único que me quedo por sacar fue las cubiteras con hielo, que eso lo dejaría para última hora.       

A las nueve en punto como habíamos acordado salieron de sus habitaciones y lo primero que se quedaron mirando, fue los globos de colores que daban en el techo. Les intrigaba, pero nadie decía nada. Esta vez todas las mujeres llevaban vestidos cortos de fiesta y no había ni una que no estuviera esplendida. En una noche cálida y llena de risas nerviosas, luces tenues y música de fondo suave. La atmósfera es vibrante, marcada por una mezcla de emoción y picardía. Hombres y mujeres, todos con miradas traviesas y corazones acelerados, se preparan para comenzar una fiesta que promete ser atrevida y llena de sorpresas… y siguen mirando a los globos y alguna tira de algún cordel para mover los globos de colores. Ya empiezan a especular con los globos y hay opiniones para todos los gustos, pero todas ellas muy graciosas y que nos hacen reír a todos.      

A pesar de la comida que había, nadie la hizo caso. En principio mi pretensión era que esa noche fura el inicio de la complicidad, pero sin llegar a ser una noche explosiva, sería el inicio y la noche siguiente sería el todo. Pero rápidamente me di cuenta de que todos esperan que esa noche fuera un desfase sexual. Para tranquilidad de todos, las parejas se habían realizado las correspondientes analíticas. La única norma… el respeto y no forzar situaciones en contra de la voluntad de nadie. Una de las mujeres pregunto… “Carlos, nos tienes intrigadísimas con los globos, porque no estaban y al salir… aparecen…” y les explico… “En el interior de los globos están la mayoría de los mandatos o deseos que me habéis enviado y que no se de quienes son”, coloque los más sustanciosos. Les dije que eran para mañana, pero querían empezar el “juego” y no quise yo, quería crear en ellos el deseo irrefrenable de pasar las pocas barreras que les quedaban.       

Como digo tenía todo o casi todo previsto, por eso ante tanta insistencia dije que tenían que elegir un globo blanco, pincharlo y todos haríamos lo que dijera el papel que tenía dentro. Daba igual el globo blanco que eligieran, porque era el globo comodín y en todos ellos ponía lo mismo… “BAÑARSE EN LA PISCINA DESNUDOS”, eso valdría para sofocar todo y de paso para romper del todo el hielo. No se ponían de acuerdo en que globo y ante esa indecisión me ofrecí como mano inocente y todos se negaron por haber colocado los globos, las mujeres decidieron ellas que globo sería. Leyeron el papel sin decir nada y no se opusieron, cuando lo dijeron algunos de los hombres no pusieron muy buena cara.       

Antes de que pusieran alguna pega dije… “Mira que bien. Estrenaremos la cubierta y el alumbrado, no os preocupéis que en la piscina hay de todo”. La primera protesta, aunque fingieron que no era, fue dos de los hombres por la cantidad de luz que había. Baje la intensidad, aunque se veía bien. Les dije donde había toallas y albornoces. La primera en desnudarse fue Marcia, ni vi cuando lo hizo. Cuerpazo, cuerpazo. Eso fue el pistoletazo de salida, porque todos se desnudaron menos Iñaki marido de Renata y Manuel marido de Carmen. Como me había entretenido en dejar todo a mano, bebida, toallas… no me había desnudado. Por lo que sin buscarlo me convertí en blanco de las miradas de todos y sobre todo todas. Recibiendo todo tipo de comentarios, los más osados los de las mujeres que se vinieron arriba…      

Amelia fue la primera diciéndome…“Con ese tamaño, deberías tener tu propia línea de ropa interior”, los siguientes más destacados o que recuerdo con más gracia…“¡Wow, eso sí que es una «gran» personalidad!” “Eras como una leyenda urbana, todo el mundo hablaba de eso” “Eres el ejemplo perfecto de que «más es más» y me lanzo de cabeza a la piscina y cuando saco la cabeza fuera del agua escucho a Bianca… “JODER CARLOS… ¡CUIDADO! que con eso puedes hacer olas en la piscina” y hubo una carcajada generalizada. Después de mucho meterse con ellos por seguir vestidos se desnudan Iñaki y Manuel, ahora se entendía porque no querían tanta luz, estaban acomplejados por los tamaños de sus respectivas pollas, las más pequeñas sin lugar a duda.       

A pesar de estar todos desnudos la gente se cortó más de lo que ellos esperaban, entraron las indecisiones y no era cuestión de forzar nada ni a nadie. Todo quedó en un poder y no querer. Cualquier otro se hubiera desanimado, pero no yo. Me había fijado en sus miradas y sus expresiones. Al día siguiente después de muchas bromas, muchas charlas, hice que se colocaran en circulo y sin más dije que a jugar, desde el principio tuve claro que era el momento, ya que las mujeres más decididas que los hombres, se habían vestido preparadas para todo, parecían informales, pero todas ellas estaban más que sugestivas.       

Nos colocamos debajo de los globos, tensión, bromas, risas, hasta que cojo el primer globo y se lo paso a Carmen, que lo explota y coge el papel que dice que tiene que besar a la persona que tenga a su derecha, se anuncia que tiene que ser un morreo. La persona en cuestión es Marcia. Carmen está paralizada, eso de morrearse con una mujer le debe de cortar, pero marcia en un arranque le dice que no es para tanto y que no perdieran el tiempo. Pegándole un morreo exagerado, que, si al principio no era respondido por Carmen, al final fue un morreo cachondo por parte de las dos. Había mucha sonrisa cómplice y mucha sonrisa cachonda. Comienzo a distribuir los globos entre los participantes de forma aleatoria. Algunos eligen globos rojos y llamativos, otros optan por azules tranquilos o verdes frescos, cada color con su propio significado. La tensión crece mientras todos se preparan para ver lo que les ha tocado.        

Algunos leen en voz alta, provocando risas y susurros de anticipación. Las instrucciones varían desde prendas provocativas como castigos excitantes pero suaves, nada de lo que muchos esperaban, de que todo fuera más atrevido. Se trataba de crear un ambiente cargado de sensualidad y juego. La interacción se vuelve más atrevida, con miradas que se cruzan y gestos que insinúan más allá del simple juego. A medida que la noche avanza, la diversión y la tensión aumentan, y cada participante se sumerge en un juego que combina la picardía con la confianza en sí mismo. El intercambio de risas, susurros y caricias suaves hace que el juego de los globos se convierta en una experiencia inolvidable, donde la diversión adulta y la sensualidad se entrelazan en un escenario de complicidad y aventura.       

Fue en ese momento justo cuando propuse el juego de las sillas. Les explique cómo sería el juego, la mujer que perdiera, se tendría que quitar una prenda y una vez estuviera sin prendas, tendría que hacer lo que se le ordenase. Para poder hacer bien el juego de las sillas dos hombres tenían que quedar fuera. Encargándose de la música y de solventar alguna queja. Fueron las mujeres en votación secreta quienes votaron a los dos hombres y creo que a nadie les sorprendió que saliesen elegidos por unanimidad, Iñaki y Manuel. Ambas esposas se fueron para sus maridos y con un morro increíble, les decían que estaban apenadas y que si ellos no querían ellas no participarían, ellos dijeron que jugasen y me hubiera gustado ver la cara de las dos mujeres si hubieran dicho que no participasen.      

Luces apagadas, con la única iluminación de una luz negra. He de decir que, ante una protesta de ellas, los hombres perderíamos una prenda en cada ronda. El que mejor iba preparado era yo, que solo llevaba dos. La primera ronda quien se sienta encima es Bianca, que se sienta, coloca bien su culito sobre mi polla y hace unos segundos la batidora, poniendo mi polla como una estaca para vampiros. Pierde Renata, que tal como perdió, me daba que era la más atrevida, porque en este juego siempre hay una o dos que están locas por perder todas las prendas rápidamente. Cuando una perdía tenía que quitarle la prenda su marido. La cara de putón de Renata mientras se acercaba a su marido Iñaki me daba la razon, pero la cara de él era de pura excitación.    

            Como era de esperar su marido le quito la parte de arriba de su ropa, dejando a la vista sus grandiosos pechos, de una talla XXL, pero a pesar de eso muy bien colocados, que levanto algún run, run, de asombro, como no llevaba sujetador el movimiento que hacían era excitante. A mí me toco quitarme la camiseta, que a casi todos los hombres nos tocó lo mimo. Debió de ser contagioso, porque la segunda ronda las mujeres se volvieron más “torpes” y casi pierden varias. Tuvo que intervenir el otro marido que no jugaba, como juez “independiente” decidió que era su mujer Carmen quien había perdido. Su marido le quito la falda y quedo con unas braguitas minúsculas, que dejaban ver perfectamente que tenía un culo para hacer diabluras con él.

A mí me toco quitarme la única prenda que me quedaba y mi polla salto como si tuviera un resorte. Varias la miraron, pero la que más me llamo la atención fue Bianca, que me daba la impresión de que la miraba con mucho deseo, aunque al estar su marido a mi lado derecho, no sabía si le miraba a él. Lo que, si me di cuenta, es que ella no luchaba por perder. Tenía claro que no llevaba sujetador, porque sus pezones se marcaban cada vez más debajo de su camiseta, eran como dedales. Iñaki y Manuel, decidieron por su cuenta y nadie protesto, que mientras la música no volviera a sonar, nadie se podía mover y dijeron que la próxima ronda, las mujeres se tendrían que sentar de cara.

Bianca llevaba un vestido muy corto, se sentó encima mío, agarre su culo para que no cayese y debía de llevar un tanga, porque puede agasajar el culo con mis manos. De nuevo hay otra ronda y esta vez se sienta de espaldas, hace la batidora y subo una de mis manos, comprobando que no lleva nada de bajo y su coñito está super mojado. La siguiente vez, no se corta, agarra mi polla se la coloca rápidamente y se la mete ella sola hasta el fondo de su coñito, da un pequeño grito y su marido le pregunta, ella le dice que le dio una rampa. Le cuesta levantarse y cuando se va a sentar de nuevo sobre mí, Renata le da un ligero empujón y se sienta de cara a mí, sin más se clava mi polla y no puedo evitarlo, le cómo sus tetazas. Se pone como poseída y se menea que da gusto.

No se quien pidió un descanso, pero tuvimos que parar. Algunos aprovecharon para salir a fumarse un cigarro. Lo que llevo a que no se jugara más, porque cuando salgo veo a Bianca de pie, apoyada sobre el respaldo donde está sentado su marido, escuchaban a uno que explicaba algo de las estrellas, estaban todos embobados escuchando. A mí lo que me embobo fue ver el culito respingón de Bianca en esa postura. Con su micro vestido en el límite de su culito. No me lo pensé me acerque a ella por detrás, acaricie sus piernas, se giró, me miro y me sonrió, lo único que hizo fue abrir un poco más las piernas.

Ella se pensaba que me iba a limitar a acariciarla con mis manos, pero se equivocaba y cuando se dio cuenta de que mis intenciones eran otras, movió su brazo para colocar su mano sobre mi pelvis y evitar que continuase, pero en cuando mi polla rozo su coñito, se dejó penetrar. Fue una penetración suave, sus gemidos eran contenidos, su marido gira la cabeza, ve su cara y me ve a mi detrás y le dice suavemente… “¿Te está dando otra rampa putita?” y ella con el mismo tono suave y pegando su boca a su oído le responde… “Cállate cornudo, que me está reventando de placer” y una vez que vi que no había problema, empecé a follarla a un buen ritmo, que ya no dejaba dudas de que estábamos follando.

A mí me daba igual que me vieran y a Bianca poco a poco le fue dando igual. Fue contagioso porque más tímidamente otros empezaron a hacer lo mismo. Su marido nos dejó solos y pudimos colocarnos mejor en el sillón. Se nos acercó Amelia y su marido, que nos miraban sin hacer nada, solo unas miradas morbosas y excitantes. Me fije bien en Andrés el marido de Amelia, siempre muy correcto y ahora con una mirada pidiendo ser cornudo a gritos o algo más. Pronto íbamos a salir de dudas, deje de follar a Bianca, le di la mano y la lleve a mi habitación, pero antes les hice una seña a Andrés y Amelia para que se vinieran con nosotros, que nos siguieron y cuando Bianca se dio cuenta se puso un poco remisa y dos buenos azotes le quitaron esas dudas.

En la habitación Bianca se quitó el vestido y me encantaba su cuerpo. Al principio estaba como fría y era todo por la presencia de la pareja. No tarde nada en hacerla entra en “calor” y mientras nosotros nos íbamos poniendo a mil, Amelia y Andrés estaban en los pies de la cama sentados y al ser una cama mucho más grande que las king size, no daba sensación de agobio. Andrés tenía a su mujer abrazada por detrás, sentados de lado. El o eso parecía, era el que llevaba la iniciativa. Veíamos como le decía a Amalia que se nos acercara, pero ella estaba apocada. Yo la miraba invitándola, Bianca parecía que estaba a lo suyo y no por la labor de animarla a que se acercara.

Andrés no cejaba en su intento y acabo quitándole la parte de arriba a su mujer, acariciaba y agarraba las tetas de su mujer abrazándola desde atrás y era como una invitación a que me comiera las tetas de su mujer. Poco a poco la fue desnudando y como se tuvo que poner de pie para poder desnudarla, hizo que se colocara de espaldas y pude comprobar que no había estado equivocado en todo este tiempo. Porque su culito era el más grandioso que había visto en mucho tiempo, siempre lo había imaginado, pero lo que veía ahora no tenía nada que ver con lo imaginado. Era una forma perfecta, no se le podía encontrar ningún, pero y era para follárselo sin ningún tipo de dudas, aunque siempre escuche a su marido decir que el sexo anal era en parte algo asqueroso.

Una vez desnuda Amalia, se puso en el mismo sitio, pero sentada sobre uno de sus muslos, casi de rodillas, Bianca en ese momento me comía la polla, le costaba metérsela en la boca y para justificarse decía… “JODER ES QUE NUNCA ME HABIA ENCONTRADO CON ALGO TAN GRANDE… ¿Y TU HABIAS VISTO ALGO IGUAL?” esto último se lo preguntaba a Amalia, que se acercó junto a ella. Hubo unos segundos de impase y Bianca que tenía bien sujeta mi polla con una de sus manos, hizo como un gesto de invitación lo que Amalia aprovecho para comerme la polla. Lo hacía con mucha soltura y Bianca alucinaba y le preguntaba que como podía con esa boquita tan pequeña.

Aproveche para acariciar a Amalia, que se deshacía con mis caricias y en cuanto llegue a su culito, se colocó dándome facilidades, pero se notaba que era un culo virgen o con poco trasiego y si tenía dudas, me las quito cuando dijo… “Cuidado que por ahí no ha entrado nada biológico” lo que me hacía entender que lo único que había entrado seria algún juguetito. Bianca hizo caso a las indicaciones de Amalia y empezó a comerme la polla mucho mejor. Amalia sin que nadie le insinuase nada, empezó a acariciar a Bianca, que, si bien cuando se dio cuenta de que Amalia la acariciaba, se paró en seco, pocos segundos después siguió a lo suyo, a comerme la polla y facilito abriendo las piernas que Amalia se comiese su coñito.

No sé si para Amalia sería la primera vez con una mujer, que creo que no. Pero de Bianca si era su primera vez seguro. Cambie de posición y me puse a follarme a Bianca, colocándola de tal manera que tuviera que decidir si le comía el coñito a Amalia o no. Al final acabo comiéndoselo y en cuanto se puso a hacerlo, se volvió más cachonda y no tardo en correrse. Me levante un momento de la cama y ellas estaban tan lanzadas que se “engancharon” entre ellas y Amalia la modosita, era la que llevaba la voz cantante y la que indicaba que hacer. Como ella estaba encima de Bianca, llegué con el lubricante que acaba de coger y me puse a ponérselo en su culito, hubo alguna queja mínima, pero se dejó, sabía lo que iba a pasar.

Andrés que ya se había desnudado se acercó junto a su mujer, mientras Bianca le seguía comiendo el coñito. Empecé a follar ese culito que tanto había deseado, no podía contener mi excitación… “UHHMMM… QUE APRETADITO QUE ESTA… ES UNA PUTA PASADA” y Andrés excitado me decía… “Si no me ha engañado vas a ser el primero que se lo haga” y ella cachonda perdida le soltaba entrecortadamente… “PUES CLARO QUE NO TE HE ENGAÑADO, PERO NO POR FALTA DE GANAS, QUE SIEMPRE TE HE DICHO QUE SI CARLOS SE PONIA A TIRO ME LO FOLLARÍA” y Andrés me decía que era muy puta, que era verdad lo que decía y que contra más fuerza pusiese que más le gustaba. Le pregunte a ella irónicamente si era verdad y solo me dijo… “Es verdad me gusta el sexo entre brusco y más brusco”, si llego a saber eso no hubiera lubricado su culito.

Por eso lo siguiente que hice fue meter las tres cuartas partes de polla que quedaba fuera y decirle que si me lo hubiera dicho no se lo hubiera lubricado, dando ella un grito de placer diciendo… “Este sí que me ha entendido y para la próxima no pongas nada”, lo único que hacia ella en ese momento era tener agarrada la mano de su marido, apretándola hasta dejársela blanca. Me sorprendió que no tardo nada en correrse. Eso si luego me pidió que se la sacase con cuidado y se abrazó a su marido. Lo siguiente fue dejarlos e irme a duchar y estando en la ducha a punto de salir, entro Bianca y me coloco su culito, poniéndome la polla de nuevo cantarina. Acabamos follando en la ducha y Bianca sí que tenía bien preparado el culito, se notaba que no era su primera vez.

Al salir ya no estaban ni Andrés ni Amalia, Bianca me dijo que iba a buscar a su marido que seguro la andaría buscando. Fui a la cocina a prepararme un buen tazón de leche con mantequilla, azúcar y un poco de brandy. Eso después de una noche agitada te recompone por dentro. En la cocina había dos hombres con cara de agotados y me decían que las mujeres eran inagotables, que ahora me entendían que hay que prepararse físicamente para aguatar su ritmo. Uno de ellos era el marido de una que me escribe mucho… JAJAJA… JAJAJA… y me pidieron que lo mismo que me hiera yo, se lo hiciera a ellos. Me llevé mi brebaje a la habitación y dormí estupendamente.

Por la mañana en vez de irme a correr, me voy a hacer aparataje, por si alguien se levanta y le hace falta algo. Al momento de estar en la cocina y mientras me preparo algo, me pongo a colocar cosas que me han dejado por medio y algo que me cabrea muchísimo. Oigo unos ruidos y son Marcia y Tony. Ella con un pantalón de chándal ajustado que dejan ver su delgadez y muestran más exageradamente por esa delgadez, su soberbio culo y sus magníficas tetas. Los dejo mientras desayunan y me voy a hacer mis ejercicios. Ella dice que también hará ejercicios y Tony nos decía que a él no le hacía falta porque era de buena genética- La verdad que siempre había hecho poco deporte, comía hasta hartarse, bebía y fumaba y no engordaba ni un gramo.

Estaba haciendo ejercicios de empuje, esa zona la tenía junto a la pared trasera de la sala. Tony se sentó en un banco junto a mí y me pregunto qué era lo que hacía y cuando le dije que eran ejercicios de empuje, le estaba explicando las distintas modalidades, cuando él me decía que había mejores ejercicios. Entra Marcia, mira la sala y se va hacia la bicicleta estática. Es muy llamativa por su color y también porque parece muy complicada de usa. Nunca he visto una igual en ningún gimnasio. El entrenamiento en ella es efectivo para cinco partes principales: abdomen, glúteos, brazos, muslos y cintura. Esta bicicleta de spinning es el evangelio. Es la biblia de las bicicletas.

Me acerco y le explico cómo va y le digo que si tiene alguna duda que pregunte. Mientras hago mis ejercicios no dejo de ver ese culo en movimiento. Me contengo porque ahora no es anoche donde todo estaba permitido. De pronto para y dice que hace mucho calor, algo que no percibía yo. Se baja de la bicicleta, se quita el pantalón y sorpresa. Lleva unas mallas muy particulares, porque dejan literalmente su culo y su coñito al aire, es como si las tuviera incrustadas en su cuerpo o una segunda piel.  Era una declaración de intenciones. Pase de ellos dos, no serían los que me marcaran el paso. Me puse ahora delante de ella, corriendo en la cinta, aunque iba a buen ritmo y no se daba cuenta, había un espejo estratégico, que me permitía verla de frente.

Miraba hacia donde estaba su pareja. Me llamaba la atención el volumen del pecho en un cuerpo tan delgado, que me hacía pensar que podía ser aumentado. En ese momento Tony me confeso que se habían casado hacia una semana, que no habían dicho porque pensaban dar una sorpresa y hacer un fiestón. No quería entrar en nada que ellos quisieran que entrara y hablamos de las finanzas y de mi próximo viaje para abrir nuevas expectativas. Algo que llevábamos meses hablando y una vez que estaban enfrascados, hablando, me excusé y dije que iba a duchar, que ya había acabado. Antes de irme marcia me dijo que le gustaría subir al torreón, que le habian dicho que desde allí había unas vistas fantásticas. El torreón llevaba varios meses cerrado, porque lo estaban terminando de arreglar y era todo trabajo de madera para respetar su origen. Pero le dije que más tarde le echaría un vistazo y si lo viera factible, podría hacer una visita, pero solo una persona a la vez, primero ella y luego Tony o al revés. Tony dijo que como él ya lo había visto que con que subiera ella valía.   

Le dije que subiríamos a las ocho de la tarde, para estar a las nueve que varios hombres se habían empeñado en hacer una barbacoa. No había luz porque todavía no habían cambiado la instalación eléctrica que sería lo último. Entramos y ella llevaba una lampara de camping y yo una linterna, ambas con una luz potente. Hice como no podía ser de otra manera que ella subiese delante y podía ver gracias a su falda tan corta, su culito y unas braguitas blancas pequeñas, metidas entre sus nalgas. Llegamos al mirador y ya estaban colocados los ventanales. Ella se apoyó en uno de los ventanales para ver la montaña y le gustaba, luego se fue a otro de los lados y se podía ver el bullicio que estaban montando los de la barbacoa, estaban intentado preparar el fuego.  

Provocaba de lo lindo, alguna situación similar ya había vivido en el mismo sitio, pero para sorpresa de ella y seguro que de Tony también, le dije que fuéramos bajando, bajando yo en primer lugar. Lo hice a sabiendas de que al lugar que iba a trabajar, ellos dos tendrían que venir y allí seria otra cosa. No me equivoque Tony al vernos tan pronto de regreso se quedó desconcertado…  

Autor: CARTUZ


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